1. ¿El tratamiento es voluntario o forzoso?
El tratamiento en Casa Nueva es voluntario, es decir requiere de la aceptación del adicto. Esto no implica que el adicto tenga que llegar totalmente convencido y con disposición total. Las características de la adicción y, a veces situaciones externas, impiden que esto sea así. Por ello hablamos de disponibilidad mínima, es decir de intentarlo: quince días, un mes y solo después decidir la continuidad del tratamiento. Un gran número de nuestros pacientes tiene dudas y ambivalencias: algunos por desconocimiento, otros por que han vivido alguna experiencia de maltrato en alguna instalación. Nosotros pensamos que hay que ser transparentes y francos con los usuarios y una parte importante de nuestro trabajo es ayudarles a convencerse de que su vida bien vale un período de desprendimiento de su medio ambiente para introducirse en su interior.
2. ¿Por qué proponemos tres meses residenciales mientras otros lugares ofrecen tratamiento en tres, cinco o seis semanas?
Por una razón sencilla: todos los estudios científicos internacionales y nuestra propia experiencia nos dicen que el tiempo de estancia en contención mejora el pronóstico del paciente. A mayor tiempo mayor oportunidad de abrir los ojos, practicar vivir el día a día sin drogas y aprender sobre sí mismo. A mayor tiempo residencial menor es la posibilidad de recaída. Por ello pensamos que la mejor inversión para la vida del usuario es el tiempo, aunado desde luego a la disposición al cambio que, en la mayoría de los casos, se da paulatinamente.
3. ¿Qué pasa si un usuario solo tiene disposición a quedarse por un período menor?
De entrada es bienvenido. Muchos cambian su parecer sobre la marcha, otros genuinamente por razones de peso no pueden permanecer los tres meses, sin embargo también pueden beneficiarse del internamiento aunque no sea el tiempo óptimo. Insistimos el tiempo es un buen aliado.
4. ¿Es posible que alguien se quede por más tiempo?
En muchos casos es deseable que así ocurra. Cada caso se valora individualmente y se diseña un plan específico que puede incluir gradualmente actividades extra-muros de tipo escolar, laboral o familiar.
5. ¿Qué hacer si alguien que necesita la ayuda de entrada no la acepta?
Esta es una realidad frecuente. Diversos factores determinan esta actitud: la negación propia del adicto, el miedo al cambio, el temor a los efectos de supresión de la sustancia y la mala reputación de algunos tratamientos o una experiencia personal en alguna instalación abusiva o maltratante. Frecuentemente los empiezan por la petición de ayuda de un familiar. Hay varias alternativas que pueden irse dando a partir de que la persona solicitante pide la ayuda: desde que el adicto acepte una consulta con el especialista, que acepte una visita sin compromiso a las instalaciones, que acepte un tratamiento ambulatorio de entrada con el compromiso de que si no le funciona acepta el internamiento, etc. Con frecuencia los familiares tienen que vivir su propio proceso de ayuda en búsqueda de los caminos que ayuden a su familiar a aceptar la ayuda. Por ello nosotros sugerimos muy enfáticamente a los familiares que mientras el adicto duda o rechaza la ayuda que ellos si la reciban. Por último es importante considerar que en estos caminos las crisis con frecuencia son oportunidades que dan luz y permiten abrirse a la experiencia del cambio. Nuevamente la clave es pedir ayuda.
6. ¿Por qué no reciben mujeres en tratamiento?
En primer lugar no contamos con las instalaciones adecuadas para atender a ambas poblaciones. Además pensamos que las necesidades de las mujeres adictas requieren enfoques y respuestas particulares. Una de las prioridades de nuestra planeación es abrir un programa específico para mujeres en el mediano plazo. Podemos orientarle sobre insituciones que brinden este servicio.
7. ¿Qué incluye el costo del tratamiento?
o Hospedaje y alimentación balanceada
o Consulta médico-psiquiátrica
o Terapia individual
o Terapia grupal
o Todas las actividades del diario vivir
o Tratamiento de la familia